Por Salvador Pimentel Roja.
Madrid, 30 de mayo de 2026
Qué curioso es el mundo, queridos lectores.
Mientras en Venezuela la gente aún cuenta los muertos de hambre, o los que mueren por colapsos hospitalarios, abundan las promesas rotas de “prosperidad”, pero la verdadera prosperidad llegó a la casa de muchos de los compañeros de Alibaba.
Me refiero a ese grupo selecto de exfuncionarios, testaferros y “empresarios” por no decir bolichicos, que viven como jeques en Miami, Madrid o Dubai. Lo más hermoso es que ahora administran honestamente el dinero que se robaron con durante más de 27 años.
Resulta que el pueblo nunca vio ni un bolívar de esos miles de millones. Cuenta la leyenda que montaron estructuras para rutear las sanciones y llevar comida para el pueblo y en paralelo, cuentan los fiscales que robaron para “el pueblo”; me recuerda a Robin Hood pero no se lo dieron a los pobres sino que se quedaron con el botín. La culpa fue de sus maestras de la escuela porque esa parte del famoso libro no se las contaron.
Ahora viene el tema, sus familias y hasta la abuelita pagan los platos rotos porque ahora resulta que las joyas (y la fortuna) eran de la abuela y en caso de expresidentes, de la suegra. Sí hay un título que merece medalla de oro en ironía es las joyas de la abuelita.
Aquel señor que tanto medió, tanto “dialogó” y tanto defendió la “revolución” mientras, según las investigaciones recientes de la Audiencia Nacional española, su órbita recibía decenas de millones vinculados a capitales venezolanos.
Escándalos hay aunque faltan. Por ahora Plus Ultra, pero mis investigaciones personales lo sitúan con Oro, CLAP, Petróleo, contratos y otras ventanitas cómodas. No son solo los 53 millones del rescate, es una estructura compleja de lavado donde están incluso ladrones que se han querellado contra mí por denunciarlos – y perdieron los juicios dicho sea de paso – Todo al mejor estilo revolucionario, al que la izquierda llama oligarca aunque le encantan los billetes…
Lo que más molesta es que el dinero robado en Venezuela, desde la época de la conquista ha terminado financiando el estilo de vida “progresista” en la madre patria, pero solo para ellos, nunca ha sido beneficio colectivo a la madre patria y lo digo con propiedad porque vivo exiliado en España desde hace 10 años.
Además de sustraer dinero, firmaron contratos de CLAP con comida podrida, es verdad que el dinero es sucio pero así lo es mucho peor; con ese dinero compraron mansiones en La Moraleja o Salamanca por ejemplo, aunque algunos cogieron otros rumbos como los $46 millones que le congelaron a cierta familia Rodríguez, pobrecillos, son seguramente víctimas de las sanciones.
A los militares también les cae, si pudiesen portarían un uniforme militar marca Lacoste para lucir bolivariano aun en traje de campaña, gracias a ese hambre de lujos sacrificaron la lucha contra la delincuencia y olvidaron su juramento a la Constitución.
La ironía suprema es que muchos de estos mismos personajes, hoy se ofrecen como “socios” para la reconstrucción, probablemente ya no van a robar más porque ya tienen la alcancía full, pero deben mantenerse en el foco para que no les quiten lo que nos quitaron. Hay que proteger el alimento del invierno ¿verdad?
Ahora que las sanciones ya no son una excusa, además de que la CPI ha cerrado oficialmente Venezuela II, es cuando más tenemos que intensificar en las denuncias.
Si bien me estoy comiendo mi dulcito de lechosa con las investigaciones y detenciones recientes, no es menos cierto que hasta ahora solo han caído muy pocos ladrones, nunca detuve mi tendencia a denunciar y por eso me siento más estimulado a seguir, más aún cuando cayó uno de los que les protegía en Europa.
La justicia, aunque es lenta aunque tiene cada vez más herramientas. Sigamos impulsando los efectos de las Convenciones de Mérida y Palermo, cooperación internacional, leyes de repatriación de activos y, sobre todo, una diáspora que no está dispuesta a perdonar ni a olvidar.
No se robaron solo dinero. Se robaron vidas, sueños y tiempo. Por eso no basta con que devuelvan parte de lo robado. Deben devolverlo todo y pagar su deuda social con intereses morales y penales. Esas “joyas de la abuelita” tienen dueños legítimos: el pueblo venezolano, el mismo que pasó hambre mientras ellos brindaban con champagne en Madrid.
La fiesta se está acabando. Y cuando lleguen las cuentas, ni Zapatero, ni testaferros, ni “honrados administradores” del dinero ajeno van a poder esconderse detrás de la diplomacia. Venezuela no va a ser reconstruida con el mismo dinero robado sino con la actitud de las víctimas que son el referente moral y base de las nuevas generaciones.
“Ser socialista es estar dispuesto a tener muy poco y a dar mucho.” José Luis Rodríguez Zapatero. ¡No es otra ironía, en verdad lo dijo!

“Ser socialista es estar dispuesto a tener muy poco y a dar mucho.”
Está igual que Chávez “Ser rico es malo”
Que cara dura son estos corruptos delincuentes.
Buen artículo Salvador. Saludos.
Que excelente texto!
Excelente exposición, yo en lo personal soy víctima del sistema comunista y de la estructura criminal que se apoderó de Miraflores y todo el círculo de poder, mi familia y perdimos nuestra empresa, la cual era sustento de nuestro grupo familiar, actualmente mis hermanos sus familiares y yo estamos en el exilió, mientras trabajamos arduamente para hacer una nueva vida, comenzando desde cero ya que prácticamente lo perdimos todo, y mis padres están allá, ya mayores, solos, y sufriendo como muchos los hacen porque calidad de vida no existe, solo los privilegiados y cercanos al régimen son los que tienen la dicha de disfrutar a cuerpo de rey y vivir una vida de abundancia con el dinero robado y saqueado a todo un país.
Yo en lo personal jamás podré perdonar a esta revolución del siglo XXI, ellos son hambre, miseria y corrupción.